Nos despedimos por el momento de Manuel Alvar

Nos despedimos por el momento de Manuel Alvar. Han sido cinco años hermosos, no exentos de dificultades, en los que hemos tenido la oportunidad y el privilegio de fabricar historias y de contarlas.

Lo mejor de una despedida no es anunciarla.

Por eso, lo diré en clave poética:

Como aves que buscan el sur

tras un invierno del alma

y que se separan de latitudes,

anteriores coordenadas,

ninguna despedida es por siempre,

atrás queda el vuelo,

atrás queda la alegría,

las sonrisas infantiles,

los juegos entre estanterías,

las plácidas mañanas de domingo,

en las que juntos fabricábamos historias,

tras las murallas de un castillo,

tras el bosque,

tras el camino lleno de espinas,

tras la bruja Baba Yaga, el zarévich, la zarevna,

tras Tristán combatiendo dragones,

tras Iseo y su fidelidad inquebrantable,

tras las luces de una ciudad cualquiera,

de la que hoy nos despedimos,

sin el llanto propio de un entierro,

con la mirada puesta hacia al futuro.

Volveremos. No sé de qué forma,

con otro nombre,

con otros ojos,

otra manera de mirar evolucionada.

Volveremos,

pero no hace falta proseguir

ya que

no hay la ilusión del inicio,

y es mejor decir hasta otra

cuando

el amor no es correspondido.