Día 27 de Abril – Lectura de Cervantes en el Parque

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Escribiendo sobre Fútbol

Comenzar un artículo sobre Fútbol siempre es complicado, porque se acumulan instantáneas en la mente de todas las veces que uno practicó este bello deporte, emociones a borbotones desde la más tierna infancia.

Recuerdo cuando era un niño. Yo era un niño de ciudad, de ésos que no salen a la calle a jugar después de la escuela, porque según sus mayores, es peligrosa y sólo se aprenden cosas feas. Por este motivo, construía un pequeño estadio en un cuarto reservado a planchar y los artefactos de madera que se utilizaban para colgar la ropa era despojados de su contenido y servían de porterías, barreras y público. Porque había un público, y yo era el comentarista. Me encantaban los partidos en los que aparecía Suecia contra Noruega, o Islandia contra Rusia. Los personajes se acumulaban y el estado enloquecía con la narración acalorada de los embites. Gustaf Johansson siempre estaba en fuera de juego en la última jugada. Se pitaba un penalti y se definía el resultado del encuentro. 2-1, ganaba el equipo que apoyaba.

Otras veces, en un juego de dos, con mi primo y en el mismo estadio improvisado jugábamos partidos en los que sólo se podían meter goles bonitos. Como comprenderán, el resultado siempre terminaba en 1-0, ó 0-1.

No disfrutaba tanto cuando el hijo del carnicero del barrio me invitaba a su casa. Era bastante bruto jugando y cuando le metía goles, me propinaba patadas pero era de los pocos amigos que tenía en el barrio.

Con los amigos y amigas del colegio, el recreo siempre proponía futbol. Era el monotema, no había alternativa. No había excusa. De vez en cuando aparecían las canicas y el churro pero yo prefería el futbol y las canicas porque en el churro no era muy bueno: Había que pegar saltos muy grandes, y aguantar el peso de Amalio, un niño muy gordo y muy antipático que no me caía nada bien.

De mayor lo seguí jugando pero lo aparqué como tantos por los estudios. Acto seguido me trasladé a Madrid y comencé una vida adulta con trabajo, hijos, pareja y el deporte estuvo desaparecido por unos años, salvo por la aparición de una bicicleta y un gimnasio de barrio.

Ahora he formado un grupo de gentes del barrio y nos reunimos y lo pasamos bien.

Pensemos sobre algunas cuestiones interesantes:

Para mí, como para muchos, el futbol es algo más que un juego. Es un lenguaje. Como diría Pier Paolo Pasolini: “El futbol es un lenguaje con sus poetas y sus prosistas. ” El futbol, según nos dice, es ante todo un sistema de signos, un lenguaje no verbal y expresivo, en el que se puede condensar un montón de significados posibles con un simple toque de balón, con un desplazamiento, con una jugada estratégica con intenciones.

Desde ese punto de vista, de un cultivo estético del deporte, me gusta la interpretación que le da Ángel Cappa al futbol. Filósofo, pedagogo, y entrenador al más alto nivel, Cappa tiene un enfoque crítico sobre el mundo del futbol actual. El futbol profesional, según nos dice,  representa los valores de la sociedad actual. Representa los valores del capitalismo y no se puede hacer un futbol socialista en una sociedad capitalista. El negocio se hace más importante que el juego.

Frente a la concepción del juego, Galeano nos regala algunas reflexiones:

“Se juega para jugar. Y en todo caso el triunfo es una recompensa”